Antes de que existiera el Camino de Santiago ya existía este camino. La Vía de la Plata era una calzada romana —la Iter ab Emerita Asturicam— que unía Mérida con Astorga atravesando el oeste de la península, y por ella circularon legiones, mercancías y viajeros durante siglos antes de que a nadie se le ocurriera caminar hacia Compostela. Cuando el sur peninsular volvió a manos cristianas, los peregrinos andaluces y extremeños hicieron lo más lógico: usar la carretera que ya estaba allí.

El resultado es la ruta jacobea más larga que se camina hoy —unos mil kilómetros desde Sevilla— y también una de las menos concurridas: apenas un puñado de miles de peregrinos la completan cada año, frente a los cientos de miles del Francés. Aquí no hay colas para sellar la credencial ni carrera por la litera. Hay dehesa, calzada, silencio y, durante buena parte del año, mucho sol.

El recorrido, tramo a tramo

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Sevilla y la dehesa — el sur que casi nadie asocia al Camino

Se sale de la catedral de Sevilla, donde te sellan la credencial, y durante unas horas el Camino es urbano: el Guadalquivir, los polígonos, la vega. Después, de golpe, aparece el paisaje que va a acompañarte durante casi dos semanas: la dehesa. Encinas repartidas con una regularidad que parece deliberada, cerdos ibéricos moviéndose entre ellas, cigüeñas en cada campanario y horizontes que no terminan nunca. Es un paisaje que no se parece a nada de lo que verás en las otras rutas.

De Castilblanco de los Arroyos a Almadén de la Plata se cruza el Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla, y poco después el Camino entra en Extremadura por Monesterio, capital no oficial del jamón ibérico de bellota. Luego llegan Zafra, con una plaza porticada que le ha valido el apodo de «Sevilla la Chica», y Villafranca de los Barros, desde donde arranca uno de los tramos más recordados de la ruta: veintisiete kilómetros en línea recta entre viñedos, sin un solo pueblo intermedio. Es el primer aviso serio de lo que este Camino te va a pedir.

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Mérida y Cáceres — dos ciudades Patrimonio de la Humanidad en cinco días

Pocas rutas jacobeas concentran tanto en tan poco espacio. Mérida fue Emerita Augusta, capital de la Lusitania romana, y se entra en ella exactamente como se entraba hace dos mil años: cruzando el Guadiana por un puente romano de más de sesenta arcos y ochocientos metros de largo. Dentro esperan el teatro y el anfiteatro, el templo de Diana y el Acueducto de los Milagros, cuyas arcadas de granito y ladrillo se han quedado en pie en mitad de la ciudad como si nadie les hubiera avisado de que han pasado veinte siglos. El conjunto es Patrimonio de la Humanidad desde 1993.

Al norte, entre encinares, aparece Alcuéscar y su basílica de Santa Lucía del Trampal, un templo visigodo del siglo VII que sobrevivió escondido bajo capas de historia y que hoy sigue siendo una de las paradas más silenciosas del Camino. Y unos días después, Cáceres: un casco antiguo medieval prácticamente intacto, erizado de torres nobiliarias, también declarado Patrimonio de la Humanidad. Llegar de noche a la Plaza Mayor después de veintidós kilómetros de dehesa es uno de esos momentos que justifican por sí solos toda la ruta.

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Cáparra y el norte extremeño — caminar por dentro de un arco romano

Pasado Cáceres, el Camino se vuelve más agreste y más solitario: el embalse de Alcántara, los encinares de Grimaldo, la muralla almohade de Galisteo construida con cantos rodados del río. Y entonces llega el tramo que muchos peregrinos señalan como el mejor de toda la Vía de la Plata: la salida de Carcaboso hacia el norte, donde el trazado moderno y el romano se funden en uno solo y aparecen los miliarios —columnas de piedra que marcaban las millas— todavía clavados junto al camino, en el mismo sitio donde alguien los puso.

En Cáparra el Camino no pasa junto al arco romano: pasa por debajo. Dos mil años después, la puerta sigue haciendo su trabajo.

El arco de Cáparra es un tetrapylon, un arco de cuatro frentes levantado en el siglo I en el cruce de las dos calles principales de una ciudad romana que hoy es solo un yacimiento en mitad del campo. Es el único de su tipo que se conserva en España, y el Camino lo atraviesa. Más al norte, Baños de Montemayor conserva unas termas romanas todavía en uso —el mejor plan imaginable para unas piernas con quinientos kilómetros encima— y el tramo de La Calzada de Béjar guarda uno de los trozos de calzada original mejor conservados de toda la vía.

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Salamanca, Zamora y la gran bifurcación

El paisaje se abre en la llanura castellana y aparecen dos ciudades que, cada una a su manera, son un premio. Salamanca: la Plaza Mayor barroca, dos catedrales pegadas la una a la otra, la universidad más antigua de España y una piedra dorada que al atardecer parece encenderse sola. Y Zamora, que reúne la mayor concentración de arte románico urbano de Europa —dos docenas de iglesias en un casco histórico que se recorre en una tarde— y que el Camino atraviesa cruzando el Duero.

Entre medias queda Fuenterroble de Salvatierra, un pueblo pequeño de la provincia de Salamanca cuyo albergue parroquial es una institución en esta ruta: fue uno de los motores de la recuperación moderna de la Vía de la Plata, y sigue funcionando a base de acogida y donativo. Y unos días más allá, en Granja de Moreruela, llega la decisión que define este Camino: aquí la ruta se parte en dos. Hacia el norte, siguiendo la calzada original hasta Astorga, para enlazar allí con el Camino Francés. Hacia el noroeste, girando hacia Galicia por el Camino Sanabrés. La mayoría de peregrinos elige el segundo, y es el que recoge la tabla de etapas de esta página.

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El Camino Sanabrés — sierra, niebla y la entrada en Galicia por Ourense

El giro a la izquierda en Granja de Moreruela cambia la ruta por completo. Se acabó la llanura: empiezan los embalses del Esla, los robledales y los pueblos cada vez más pequeños. En Santa Marta de Tera espera una sorpresa que muchos pasan por alto: la escultura románica de Santiago vestido de peregrino más antigua que se conoce, con su bordón y su calabaza, tallada en el siglo XII en la fachada de la iglesia. Después llega Puebla de Sanabria, encaramada sobre su castillo, y con ella el frío de verdad.

La subida desde Lubián hasta el alto de A Canda marca la entrada en Galicia y el punto más alto de la ruta, por encima de los 1.200 metros. A partir de A Gudiña hay que volver a elegir: la variante «de la sierra», más dura y más espectacular por Campobecerros, o la «de los pueblos» por Verín. Ambas se reúnen en Laza para bajar hacia Ourense, donde las aguas termales de As Burgas brotan a más de sesenta grados en pleno centro de la ciudad. Desde Ourense quedan unos ciento quince kilómetros hasta Santiago: los últimos días entre castaños, hórreos y el pan de Cea, hasta que el Camino cruza el Ulla y encara la última subida hacia el Obradoiro.

Todas las etapas, una a una

División orientativa en 40 etapas de Sevilla a Santiago por el Camino Sanabrés, la opción que elige la mayoría. Algunas guías la condensan en 38 juntando tramos; otras la estiran hasta 45. Como siempre, cada peregrino la adapta a su ritmo.

Las etapas largas de esta ruta son largas de verdad

Fíjate en las etapas 11, 18, 23 y 30: entre 35 y 42 kilómetros, algunas sin ningún pueblo intermedio donde parar. No es una errata de la tabla, es una característica de la Vía de la Plata — la calzada romana iba de mansio en mansio, y algunas de esas paradas ya no existen. Casi todas se pueden partir durmiendo en alojamientos rurales intermedios, pero conviene saberlo antes de salir de casa y no descubrirlo a las dos de la tarde con la cantimplora vacía.

¿Y si no tienes todo ese tiempo libre?

Mil kilómetros son entre cinco y seis semanas de caminata, y muy poca gente dispone de eso. La buena noticia es que la Vía de la Plata se fracciona con facilidad: pasa por ciudades bien comunicadas por tren y autobús, así que puedes empezar y terminar prácticamente donde quieras. De hecho, la mitad de quienes reciben la Compostela por esta ruta arranca en Ourense.

Punto de inicioKm hasta SantiagoHasta el siguiente inicioEtapas aprox.Días estimados
Sevilla~1.000 kmMérida · 220 km4038-46 días
Mérida~780 kmCáceres · 75 km3029-35 días
Cáceres~705 kmSalamanca · 215 km2726-31 días
Salamanca~490 kmZamora · 70 km1817-21 días
Zamora~420 kmGranja de Moreruela · 40 km1615-19 días
Granja de Moreruela~380 kmPuebla de Sanabria · 120 km1413-16 días
Puebla de Sanabria~260 kmOurense · 145 km109-12 días
Ourense~115 kmSantiago · 115 km55-6 días

(La tercera columna indica cuánto se camina desde ese punto hasta el siguiente de la lista, por si prefieres partir la ruta en varios viajes.)

(Cifras orientativas, medidas por el Camino Sanabrés — cada peregrino divide sus propias etapas según su ritmo.)

Preguntas frecuentes

¿Por qué se llama «de la Plata» si por aquí nunca se transportó plata?

Porque el nombre no viene del metal. Lo más aceptado es que proceda del árabe al-balat, «la calzada empedrada», que es como se conocía esta vía en época andalusí. Con los siglos, el oído castellano transformó balat en «plata» y el malentendido se quedó para siempre.

¿Cuál es la mejor época para hacerla?

Primavera —de marzo a mayo— y octubre. Julio y agosto están directamente desaconsejados: en Extremadura se superan con facilidad los 40 °C y buena parte del recorrido es dehesa abierta sin sombra. En invierno el sur es perfectamente caminable, pero el tramo final del Sanabrés puede tener nieve y albergues cerrados.

En Granja de Moreruela, ¿por dónde sigo?

La mayoría gira al noroeste por el Camino Sanabrés, que llega a Santiago en unos 380 km pasando por Puebla de Sanabria y Ourense. La alternativa es continuar al norte hasta Astorga —unos 90 km más— y enlazar allí con el Camino Francés, lo que significa compartir los últimos días con muchísimos más peregrinos. Ninguna es más «auténtica» que la otra: son dos caminos históricos distintos.

¿Hay que reservar alojamiento?

Hay poca gente, pero también hay pocas plazas: en muchos pueblos existe un único albergue, y algunos abren solo por temporada. La costumbre en esta ruta es llamar por teléfono el día anterior, sobre todo en el Sanabrés y fuera de los meses centrales. En los últimos 115 km desde Ourense la situación se parece más a la del resto de rutas gallegas.

¿Cuánta agua hay que llevar?

Más de la que crees. Con varias etapas de más de 30 km sin pueblos intermedios y con calor, dos litros por persona es el mínimo razonable en primavera y verano; muchos peregrinos llevan tres. Es, junto con el calor, el motivo principal por el que esta ruta se considera exigente pese a tener poco desnivel.

¿Cuánta gente la camina?

Alrededor de nueve mil peregrinos completan la Vía de la Plata cada año, menos del 2 % del total que llega a Santiago. Para hacerse una idea: el Camino Francés mueve unas quince veces esa cifra. Si buscas soledad de verdad, es difícil encontrar algo más solitario entre las rutas principales.

La Vía de la Plata no es una primera vez. Es la ruta de quien ya sabe lo que es caminar muchos días seguidos y ha decidido que quiere hacerlo con menos compañía, más kilómetros y dos mil años de piedra debajo de las botas. Si eso te suena bien, ya sabes dónde empieza.